¿Se cura el trastorno de personalidad?
Una de las preguntas más frecuentes en consulta es: ¿se cura el trastorno de personalidad?.
La respuesta corta es que no existe una “cura” definitiva en el sentido médico tradicional, pero esto no significa que una persona con este diagnóstico no pueda mejorar. Muy al contrario: con tratamiento psicológico adecuado, acompañamiento profesional y compromiso personal, es posible lograr una vida estable, funcional y satisfactoria.
Hablar de “curación” en salud mental a veces genera falsas expectativas, porque no se trata de eliminar el trastorno, sino de aprender a comprenderlo, manejarlo y reducir su impacto en el bienestar y las relaciones.
Te dejamos un test online y gratuito al final de este post para saber si la terapia EMDR puede ayudarte en tu caso
Qué es un trastorno de personalidad
Los trastornos de personalidad son patrones persistentes de pensamiento, emoción y conducta que se alejan significativamente de lo que una determinada cultura considera “normal” o “esperable”.
Estas formas rígidas de ver el mundo y de relacionarse con los demás suelen causar dificultades en la vida social, laboral y personal, y suelen aparecer en la adolescencia o en la adultez temprana.
No se trata de “una forma de ser difícil” o de “mal carácter”. Las investigaciones muestran que detrás de estos trastornos hay una interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y ambientales, incluyendo experiencias de abandono, trauma, abuso o negligencia emocional en etapas tempranas.
Los trastornos de personalidad suelen coexistir con otros problemas como depresión, ansiedad, abuso de sustancias o trastornos de la conducta alimentaria, lo que hace necesario un enfoque terapéutico integral y flexible.
Tipos de trastornos de personalidad
La Asociación Americana de Psiquiatría (APA) los agrupa en tres grandes categorías, según el tipo de patrón dominante:
- Grupo A (personalidades excéntricas o extrañas)
- Paranoide: desconfianza extrema y suspicacia.
- Esquizoide: desapego emocional y aislamiento social.
- Esquizotípico: pensamiento mágico, creencias inusuales y dificultad para relacionarse.
- Grupo B (personalidades dramáticas o impulsivas)
- Antisocial: desprecio por las normas sociales y falta de empatía.
- Límite o borderline: inestabilidad emocional, miedo al abandono, impulsividad.
- Histriónico: búsqueda constante de atención y aprobación.
- Narcisista: grandiosidad, necesidad de admiración y baja empatía.
- Grupo C (personalidades ansiosas o temerosas)
- Evitativo: timidez extrema, miedo al rechazo.
- Dependiente: necesidad excesiva de apoyo y dificultad para tomar decisiones.
- Obsesivo-compulsivo: perfeccionismo rígido y control excesivo.
Cada uno de estos trastornos requiere una evaluación individualizada y un plan terapéutico específico, adaptado a las necesidades del paciente.
¿Se cura el trastorno de personalidad o se aprende a vivir con él?
Decir que no se cura no implica que la persona esté condenada a sufrir toda la vida.
Los estudios actuales en psicoterapia demuestran que, con el tratamiento adecuado, la mayoría de los pacientes experimentan mejoras significativas: logran relaciones más estables, mayor autocontrol emocional y una vida más coherente con sus valores.
El proceso terapéutico ayuda a que la persona modifique patrones de pensamiento automáticos, entienda sus emociones y aprenda a responder de una forma más adaptativa ante el entorno.
Es, en definitiva, un camino de autoconocimiento y crecimiento personal, más que una simple “cura”.
Tratamiento del trastorno de personalidad: opciones efectivas
1. Psicoterapia
Es el tratamiento central y más efectivo. Las terapias más utilizadas incluyen:
- Terapia dialéctico-conductual (DBT): especialmente útil en el trastorno límite, enseña habilidades para regular las emociones y reducir la impulsividad.
- Terapia cognitivo-conductual (TCC): ayuda a identificar y modificar patrones de pensamiento desadaptativos.
- Terapia basada en mentalización (MBT) y terapia centrada en la transferencia (TFP): orientadas a mejorar la comprensión de los propios estados mentales y los de los demás.
- Terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular): indicada cuando hay traumas en la base del trastorno, ayuda a reprocesar experiencias pasadas y a reducir reacciones emocionales intensas.
2. Medicación complementaria
Aunque no existe un fármaco que “cure” el trastorno, algunos medicamentos pueden aliviar síntomas asociados como la ansiedad, depresión o impulsividad.
3. Programas terapéuticos intensivos o de hospital de día
Son una opción cuando los síntomas interfieren gravemente en la vida cotidiana. Estos programas permiten un seguimiento más estrecho y apoyo constante, facilitando la reintegración progresiva a la vida social y laboral.
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El papel del vínculo terapéutico
Más allá de la técnica, uno de los factores más importantes en el tratamiento es la relación entre paciente y terapeuta.
El proceso requiere tiempo, confianza y un entorno donde la persona pueda sentirse comprendida y validada, sin juicios.
El vínculo seguro que se construye en terapia actúa como un modelo reparador, permitiendo que la persona aprenda nuevas formas de vincularse fuera del espacio terapéutico.
Un ejemplo real de una paciente EMDR
Luis (nombre ficticio), de 38 años, fue diagnosticado con trastorno de personalidad evitativo. Desde pequeño se había sentido rechazado por sus compañeros y, en la adultez, evitaba todo contacto social por miedo a ser juzgado o no aceptado. Había probado diferentes terapias, pero su sensación de “no ser suficiente” persistía.
Durante las sesiones de EMDR vía online, se identificaron recuerdos clave de su infancia: momentos en los que fue humillado por profesores y familiares. Al reprocesar esas experiencias, Luis comenzó a desvincular la emoción de vergüenza del recuerdo.
Poco a poco, empezó a sentirse más libre para hablar en público, buscar trabajo y mantener relaciones sin tanto temor al rechazo.
El trabajo con EMDR no cambió su forma de ser de manera radical, pero sí redujo los niveles de ansiedad social y mejoró su autoconfianza. Hoy afirma sentirse “más en paz con mi historia y con quién soy”.
Cómo ayuda la terapia EMDR en el tratamiento del trastorno de personalidad
El EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular) es una de las terapias que más resultados está mostrando en personas con trastornos de personalidad, especialmente cuando hay un historial de trauma o experiencias tempranas dolorosas que afectan la forma en que el individuo se percibe a sí mismo y se relaciona con los demás.
A diferencia de otras intervenciones centradas únicamente en el pensamiento o la conducta, el EMDR trabaja directamente sobre el sistema nervioso y la memoria emocional. El objetivo es ayudar al paciente a procesar recuerdos traumáticos o experiencias de apego inseguro que quedaron “bloqueadas” en su mente, influyendo en su personalidad y en sus reacciones emocionales actuales.
Durante las sesiones, el terapeuta guía a la persona para que acceda a esas experiencias mientras se estimulan ambos hemisferios cerebrales (normalmente mediante movimientos oculares o toques bilaterales). Esto permite reprocesar la información de forma segura, disminuyendo la intensidad emocional asociada a esos recuerdos.
Con el tiempo, el paciente empieza a reaccionar de manera diferente ante situaciones que antes le generaban miedo, ira o abandono, porque su cerebro ha integrado la experiencia desde una nueva perspectiva.
Beneficios del EMDR en los trastornos de personalidad
- Permite procesar traumas tempranos que suelen estar en la base del trastorno.
- Ayuda a regular las emociones intensas y las reacciones impulsivas.
- Favorece una mayor sensación de seguridad interna y autocompasión.
- Mejora la capacidad de establecer vínculos estables y saludables.
- Facilita un proceso de integración de la identidad más coherente y equilibrado.
El EMDR no sustituye a otras terapias como la DBT o la TCC, sino que las complementa, potenciando la eficacia del tratamiento al abordar las raíces emocionales profundas que sostienen los patrones de personalidad disfuncionales.
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Información sobre el contenido
Este contenido tiene un propósito informativo y no reemplaza, en ningún caso, la evaluación de un profesional. El artículo ha sido revisado por nuestro equipo de psicólogas profesionales.
Artículo escrito y revisado por Patricia Varas Vicente | Graduada en Psicología, con n° de colegiada M-35444 con más de 5 años de experiencia como psicóloga especializada en terapia EMDR nivel 1 y 2.
Todo el contenido que compartimos en nuestra web y todos nuestros protocolos de tratamiento están fundamentados en estudios revisados por pares y en guías clínicas reconocidas a nivel internacional. Puedes consultar nuestra Política Editorial para conocer más sobre cómo seleccionamos, revisamos y actualizamos la información que ofrecemos.
En EMDR Psicólogos trabajamos cada día para poder ofrecerte una atención profesional, ética y basada en lo que realmente funciona. Además, contamos con una sección especifica sobre la bibliografía que utilizamos para la redacción de cada artículo.
Fuentes del contenido
- American Psychiatric Association (APA). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR).
- Linehan, M. M. (1993). Cognitive-Behavioral Treatment of Borderline Personality Disorder. Guilford Press.
- Bateman, A. & Fonagy, P. (2019). Handbook of Mentalizing in Mental Health Practice.
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE): Guidelines for Borderline and Antisocial Personality Disorders.
