Como cualquier otra emoción, la culpa tiene su parte “buena”, es decir, adaptativa ya ejerce una función, favoreciendo nuestra supervivencia y preservando los lazos sociales.
La función de la culpa es informarnos de que “es posible que nuestra acción o inacción haya generado un mal a otros o hayamos transgredido una norma moral interna”, esto es, nos ayuda a detectar un posible daño que hemos podido cometer.
En estos casos cuando nos sentimos culpables porque interpretamos que hemos actuado de manera incorrecta en alguna situación en concreto la solución vendría dada por aceptar la emoción, ser conscientes del daño cometido y pedir perdón o enmendar de alguna manera el posible error.
Hasta aquí muy bien, pero hay veces, que la culpa no nos ayuda, sino todo lo contrario, nos bloquea y nos impide avanzar. En ese caso, la culpa es desadaptativa, nos bloquea y no nos permite continuar. En estos casos, este sentimiento de culpa aparece porque estamos enfocados hacia el pasado, nos sentimos culpables por cosas que ya han sucedido y nos quedamos anclados ahí. El pasado no lo podemos modificar, pero sí podemos elegir qué hacemos con esto que sentimos.
En estos casos, sería muy recomendable poder hacernos una serie de preguntas que nos ayuden a entender esa emoción de culpa. Podemos preguntarnos ¿para qué nos está sirviendo esa emoción?, ¿nos está demandando algo?, ¿qué me ha llevado a este sentimiento de culpa? Si he ocasionado un daño, ¿puedo repararlo?, si es así, al repararlo el sentimiento de culpa desaparecerá.
¿Y que podemos hacer?
Una de las cosas que podemos hacer es, cambiar el tiempo, es decir, enfocarnos al presente o al futuro. Para ello podemos intentar cambiar el sentimiento de culpa por un sentimiento de responsabilidad. No vamos a sentirnos culpables, sino responsables. Al hacer ese cambio, cambiamos la temporalidad y ponemos el foco en el presente, permitiendo así el avance. Al sentirnos responsables ahora seremos capaces de poner en práctica soluciones para gestionar esa culpa, como por ejemplo desarrollar habilidades para que no vuelva a ocurrir ese daño.
En otros casos, es posible que la culpa además de ser muy intensa sea una falsa alarma, es decir, aparezca en momentos en los que no tendría porqué aparecer. En esos casos es importante darnos cuenta y ser conscientes de aquellas cosas que están bajo nuestro control y cuáles escapan al mismo. En estos casos, sería recomendable prestar atención al diálogo interno y desarrollar la autocompasión.