Situación 1:
Vas en coche con un amigo que conduce de forma temeraria, excediendo los límites de velocidad y realizando maniobras peligrosas.
CONDUCTA PASIVA: Permaneces en silencio y te agarras con fuerza al asiento, sintiéndote incómodo pero sin decir nada para no molestar a tu amigo.
CONDUCTA AGRESIVA: Gritas y regañas a tu amigo, diciéndole que es un imprudente y poniendo en peligro la vida de ambos.
CONDUCTA ASERTIVA: Calmada y respetuosamente, le pides a tu amigo que reduzca la velocidad y conduzca de manera más segura, explicándole tus preocupaciones por la seguridad de ambos.
Situación 2:
Estás en una reunión de trabajo y un compañero de equipo se atribuye todo el mérito de un proyecto en el que tú también has trabajado arduamente.
CONDUCTA PASIVA: Te quedas callado y dejas que tu compañero se lleve el crédito, sintiéndote resentido pero sin decir nada al respecto.
CONDUCTA AGRESIVA: Intervienes de inmediato, acusando a tu compañero de robar tus ideas y exigiendo que se le reconozca tu contribución.
CONDUCTA ASERTIVA: Después de la reunión, te acercas a tu compañero y le haces saber que aprecias su reconocimiento, pero también mencionas tu participación en el proyecto y cómo contribuiste al éxito del mismo.
Situación 3:
Organizas una salida con amigos al cine y uno de ellos llega tarde, perdiéndose parte de la película.
CONDUCTA PASIVA: Te sientes molesto, pero no mencionas nada al respecto y continúas viendo la película sin expresar tu frustración.
CONDUCTA AGRESIVA: Lanzas comentarios sarcásticos y reproches al amigo por su falta de puntualidad, arruinando así el ambiente de la salida.
CONDUCTA ASERTIVA: Después de la película, en privado, le comentas a tu amigo cómo te sentiste cuando llegó tarde y sugieres que la próxima vez intenten ser más puntuales para disfrutar completamente de la experiencia juntos.