¿Cómo funciona el EMDR para tratar fobias?

 

Una fobia es un miedo intenso y persistente ante un objeto o una situación concreta, desproporcionado respecto al peligro real y difícil de controlar aunque sepas que no tiene sentido. Según las encuestas de salud mental de la OMS, alrededor del 7 % de la población tendrá una fobia específica en algún momento de su vida. El EMDR para tratar fobias trabaja tanto la reacción que aparece hoy como las experiencias que pueden haberla originado.

EMDR son las siglas en inglés de Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares, un enfoque psicológico que trabaja con experiencias del pasado que siguen provocando malestar en el presente. En consulta se utiliza con fobias, ansiedad, duelos o experiencias traumáticas.

Cuándo un miedo se convierte en fobia

Tener algo de miedo a las alturas o a los perros es habitual. Se habla de fobia cuando ese miedo empieza a decidir por ti: evitas viajes, cambias de ruta, rechazas planes o pasas días anticipando una situación. Las más frecuentes se agrupan así:

  • Animales, como perros, arañas o insectos
  • Entorno natural, como alturas, tormentas o agua
  • Sangre, inyecciones o heridas
  • Situaciones concretas, como volar, conducir, ascensores o espacios cerrados

Muchas personas saben perfectamente que el peligro es pequeño y, aun así, sienten taquicardia, sudoración o la necesidad urgente de salir del lugar. Entender eso no basta para que la reacción desaparezca, y ahí es donde la terapia ayuda.

EMDR para tratar fobias. Foto de Alexandr Podvalny | Unsplash

Qué puedes trabajar en EMDR Psicólogos

En EMDR Psicólogos atendemos a personas con dificultades muy distintas. Algunas recuerdan con claridad el momento en que empezó su miedo: un ataque de un perro en la infancia, un vuelo con turbulencias fuertes o una crisis de ansiedad en un ascensor. Otras no identifican ningún origen y solo saben que la reacción está ahí desde hace años.

Además de fobias, entre los motivos de consulta más frecuentes están:

  • Ansiedad
  • Duelos
  • Experiencias traumáticas
  • Problemas de pareja
  • Dificultades de autoestima
  • Recuerdos que siguen generando malestar

Que dos personas tengan miedo a volar no significa que necesiten el mismo tratamiento. Cada caso empieza con una valoración individual.

La primera sesión no empieza por lo que más miedo te da

Es común imaginar que en EMDR se te expone de golpe a aquello que temes. En la práctica, el protocolo tiene ocho fases y las primeras sirven para conocer tu historia, entender cómo interfiere la fobia en tu día a día y valorar con qué recursos cuentas para manejar emociones intensas.

Por eso, antes de reprocesar cualquier recuerdo, el terapeuta trabaja contigo estrategias de regulación emocional adaptadas a ti. Durante una sesión pueden aparecer sensaciones físicas o emociones desagradables, y el proceso está pensado para avanzar de forma progresiva, sin obligarte a afrontar nada para lo que todavía no estás preparado.

Las fases del EMDR para tratar fobias

El enfoque parte de una idea: algunas experiencias quedan almacenadas de manera que ciertos estímulos del presente siguen activando las mismas emociones y sensaciones que entonces. En una fobia, ver una araña o subir a un avión puede disparar la misma alarma que una experiencia de miedo intenso vivida años atrás.

El trabajo con fobias suele recorrer tres momentos:

  1. Se identifican y reprocesan los recuerdos ligados al origen del miedo, si los hay.
  2. Se trabajan las situaciones actuales que activan la reacción, incluida la ansiedad anticipatoria.
  3. Se prepara cómo quieres responder la próxima vez que te enfrentes a esa situación.

Durante el reprocesamiento, el terapeuta aplica estimulación bilateral, que puede ser con movimientos oculares, sonidos o toques alternos. No consiste en contar lo ocurrido una y otra vez. El objetivo es que la experiencia se procese de forma más adaptativa y que la situación temida deje de provocar una alarma tan intensa.

Entender por qué reaccionas así

No necesitas llegar sabiendo explicar qué te pasa. Parte del trabajo consiste en ordenar esa experiencia: quizá notas que tu reacción es desproporcionada, pero no consigues frenarla.

Sentirse en alerta sin un peligro real es un buen ejemplo. En el artículo sobre sentirse en alerta aunque sabes que no hay peligro explicamos por qué el cuerpo puede seguir reaccionando aunque la mente interprete la situación de otra manera.

Ansiedad anticipatoria

En muchas fobias, el malestar empieza mucho antes de la situación temida. Puedes pasar una semana dándole vueltas a un vuelo o dormir mal la noche anterior a un análisis de sangre. La terapia ayuda a identificar qué mantiene esa anticipación y a incluirla en el trabajo.

Evitación

Evitar lo que te da miedo alivia en el momento, pero refuerza la fobia a largo plazo, porque el cerebro nunca comprueba que la situación es manejable. Con el tiempo, la lista de cosas que evitas puede crecer y limitar tu trabajo, tus viajes o tu vida social.

Hacer las sesiones desde casa

Si vives lejos de un centro especializado o te cuesta desplazarte cada semana, la terapia EMDR permite seguir el mismo protocolo por videollamada, con el mismo encuadre y la misma planificación que en consulta. Para aprovechar cada sesión:

  • Busca privacidad real. Elige un lugar donde nadie pueda entrar ni escuchar.
  • Silencia notificaciones y deja unos minutos libres antes de empezar.
  • Usa un dispositivo estable. Sostener el móvil durante una hora resulta incómodo; un ordenador o una tableta apoyada funciona mejor.
  • Comprueba la conexión antes de cada sesión.
  • Reserva un rato al terminar. Después de una sesión intensa conviene no pasar directamente a una reunión de trabajo.

Si algo de la modalidad te resulta incómodo, coméntalo con tu terapeuta para ajustarlo.

Un trabajo en equipo con tu terapeuta

EMDR tiene una metodología concreta, pero la relación terapéutica pesa tanto como la técnica. El profesional te acompaña en cada fase, te ayuda a entender lo que va apareciendo y ajusta el ritmo a tu momento. Puedes decir en cualquier momento que algo resulta demasiado intenso, que necesitas parar o que tienes dudas sobre el proceso.

¿Cuánto dura la terapia?

No existe un número de sesiones que sirva para todos. La duración depende de:

  • El tipo de fobia y desde cuándo la tienes
  • Si hay un recuerdo concreto en su origen
  • La intensidad de los síntomas
  • Cuánto ha limitado tu vida diaria
  • Tus objetivos y cómo evolucionas

Una fobia ligada a una experiencia concreta suele requerir menos tiempo que un miedo que forma parte de una historia de ansiedad más amplia. Por eso es más útil revisar la evolución con tu terapeuta que fijar una cifra de antemano.

Preguntas frecuentes

No. Muchas personas no recuerdan cuándo empezó su miedo. El terapeuta trabaja con lo que sí está presente, como las situaciones que lo activan y las sensaciones que aparecen, y a veces el origen se aclara durante el proceso.

No de golpe. Antes hay una fase de valoración y preparación, y cualquier acercamiento a la situación temida se hace de forma progresiva y acordada contigo.

Fobias a animales, a volar, a conducir, a las alturas, a los espacios cerrados o a las agujas, entre otras. Cada caso se valora de forma individual para decidir si este enfoque es el más adecuado.

No. Puedes hablar con tu terapeuta sobre cualquier límite o preocupación antes de abordar una experiencia concreta.

EMDR puede formar parte del tratamiento de determinadas dificultades relacionadas con ansiedad cuando existe una indicación adecuada. Es necesario valorar cada caso individualmente.

El trabajo terapéutico se adapta a cada persona. Puedes hablar con tu terapeuta sobre cualquier límite o preocupación que tengas respecto a abordar determinadas experiencias.

La regulación emocional forma parte de la preparación y del trabajo terapéutico. Si una experiencia resulta demasiado intensa, es importante comunicárselo al terapeuta para adaptar el ritmo de la sesión.

Scroll al inicio