Sin embargo, en nuestro día a día también pueden darse una serie de situaciones que nos planteen retos y nos requieran acciones y soluciones nuevas, que se salen de nuestras estructuras de pensamiento. Esto es lo que denominamos pensamiento divergente.
El pensamiento divergente es la capacidad para crear múltiples alternativas creativas a un problema o situación.
Este, al contrario que en el pensamiento convergente, no es lineal, ni se basa en secuencias, sino que echa mano de la creatividad y la imaginación para ponerlo en marcha.
Es un pensamiento muy común en los niños pequeños. Podemos encontrarlo especialmente desarrollado en los niños de entre 4 y 6 años.
Se ha visto que la capacidad para el pensamiento divergente en niños de esta edad es similar a la de un adulto con altas capacidades.
Sin embargo, si no trabajamos en este tipo de pensamiento, se va deteriorando. No solo la falta de entrenamiento hace que este se deteriore, sino que, la edad es otro factor que también influye en su disminución. En algunos estudios se muestra que en niños de 10 años se reduce la capacidad en un 60% en relación a las puntuaciones que obtuvieron cuando eran más pequeños.
El pensamiento divergente está muy relacionado con el pensamiento creativo. De hecho, lo que más caracteriza al pensamiento creativo es la capacidad para pensar de forma distinta y novedosa, es decir, justo lo que se pretende con el pensamiento divergente.
No obstante, el pensamiento divergente no solo se mide a través del número de alternativas novedosas que podemos generar. Esto es solo una de sus características, la fluidez.
Otras características que lo definen son la flexibilidad (la capacidad para cambiar de perspectiva y adoptar nuevos puntos de vista de un mismo problema), la originalidad de esas alternativas (cómo de novedosas son esas alternativas), la redefinición (capacidad para encontrar funciones y aplicaciones diferentes de las habituales), la penetración (capacidad de profundizar más, de ir más allá, y ver en el problema lo que otros no ven), la elaboración (capacidad para aportar detalles).
Como ves, el pensamiento divergente es un constructo complejo.
Y como tal, no podemos encontrarlo en una única parte del cerebro, de forma aislada. Tradicionalmente se ha pensado que la parte derecha del cerebro es la que se encarga de proceso más creativos, mientras que la parte izquierda, es la encargada de la lógica y procesos más estructurados. Sin embargo, esto no es del todo cierto. En el pensamiento divergente (y otros procesos) se ven implicados ambos hemisferios. En algunos estudios se pone de manifiesto que las personas más ingeniosas son las que tienen unas conexiones cerebrales entre los dos hemisferios más intensas.