Podríamos definir la autoestima como la visión subjetiva que cada uno tenemos de nosotros mismos, una experiencia interna que te dice cómo te sientes con respecto a lo que percibes que eres, piensas y haces. Es la importancia que te das a ti mismo, cuánto te aprecias.
Para explicarlo de un modo más gráfico, puedes imaginar cómo transcurre uno de tus días: estás en casa, tal vez trabajas desde ella, sales a comprar, hablas por teléfono o a través de videoconferencias, etc. En cada uno de estos actos hay una interrelación con otras personas. Estas personas te pueden dejar algo con lo que quedarte o algo que desechar. Imagínate que llevaras una mochila a la espalda, la cual tiene la cremallera abierta. Cuando te cruzas con todas esas personas con las que hablas o tienes algún tipo de relación, puede que algunos te dejen un “regalo”, otros no te dejarán nada, y con otros darás media vuelta y no les permitirás que accedan a tu mochila. Los que te dejen ese “regalo”, puede que incluyan en tu mochila frases como “estás algo más gordo” , “no me gusta tu peinado”, o bien, “qué bien te veo” , “me encanta lo profesional que eres”. Tú decides si dejas que esos comentarios entren en tu mochila, tú decides con qué quedarte. Es como cuando te entregan una publicidad por la calle, la lees y dependiendo de si te interesa o no, buscas una papelera para tirarla o la guardas en tu bolsillo para leerla más tarde.
Con este tipo de comentarios sería bueno que hicieras lo mismo. Si no te sirve, ¿por qué te lo quedas?, y no solo eso, si te perjudica, ¿por qué la conservas?
Tú tienes la llave de tú autoestima, está dentro de ti, nadie puede acceder si tú no le dejas. Es cierto que, lo que te dicen, te hacen, lo que percibes afecta a tu autoestima, por ello lo importante es pararse a pensar ¿qué hago con esto que me han dado gratuitamente? ¿Para qué me sirve?